Algo
se mueve bajo tierra. En las últimas dos semanas, al menos 11 miembros del brazo
armado del grupo islamista Hamas han muerto en «accidentes laborales»
al derrumbarse los túneles que cavaban en la Franja de Gaza. Habitantes de
poblaciones fronterizas israelíes denuncian «ruidos extraños» cerca
de sus casas. Temen más al tipo armado que pueda salir de un túnel directo a su
cocina que al proyectil.
Temblores
de tierra ejercen de tambores de guerra. Mientras más de 1.000 efectivos de una
unidad especial de Hamas siguen cavando diariamente, soldados israelíes
rastrean cualquier agujero sospechoso de ser la saluda de un túnel. De momento,
sin encontrarlo. «Hacemos esfuerzos en Inteligencia y operaciones
preventivas ocultas ante la amenaza de los túneles», revela el jefe del
ejército, el general Gadi Eizencot.
Dos
años y medio después de su masivo duelo, Israel y Hamas se intercambian
amenazas públicas que elevan la tensión y mensajes secretos que buscan
apaciguarla. En un segundo plano, Egipto destruyó el grueso de los 1.200
túneles que conectaban la zona del Sinaí con la franja palestina controlada por
su enemigo islamista.
Rafah,
en el sur de la Franja de Gaza, tras la ofensiva ‘Margen Protector’. AFP
Desde
la destrucción de 33 túneles que alcanzaban su territorio en la operación
‘Margen Protector’, Israel ha invertido centenares de millones para encontrar
una solución tecnológica que desactive la «bomba de relojería bajo
tierra». Una ‘Cúpula de Hierro’ que detecte y frene la construcción de
túneles como hace con los proyectiles de Gaza. Tras estudiar unas 400
propuestas, Defensa espera encontrar la fórmula este mismo año.
«No
pararemos»
«Construimos
túneles en toda la Franja para defender a nuestro pueblo y liberar la mezquita
Al Aksa. No pararemos hasta la liberación de lugares santos», promete el
líder islamista Ismail Haniya citando, sin mencionar, a Israel como destino de
los pasadizos: «En la zona oriental de Gaza, los héroes cavan túneles y en
la zona occidental, realizan ensayos de proyectiles».
Haniya
es favorable a mantener la tregua aunque aclara que «no sirve para dormir o
descansar sino para prepararse ante un enfrentamiento futuro con Israel».
Desde
la guerra de 2006, el grupo chíi Hizbulá se ha convertido, para Hamas, en el
modelo a seguir en la lucha de guerrillas contra Israel basada en túneles y
proyectiles desde tierra.
Habilitados
con electricidad, línea de comunicación y luz, son pasadizos de dos metros de
altura, 1,5 de ancho y 25 de profundidad. Suficiente para esconder y trasladar
milicianos y armas. La obra de Hamas -más rápida que la del tranvía en Tel Aviv-
proporciona una infraestructura que sirve a sus comandos para moverse sin miedo
a ser liquidados por la Fuerza Aérea israelí y para el lanzamiento programado
de proyectiles contra el sur de Israel sin exponerse en la superficie.
Eizencot
revela que «los túneles son una prioridad desde el año 2006, cuando los
terroristas usaron un subterráneo para penetrar en Israel, matar a dos soldados
y secuestrar a Guilad Shalit».
En
una reunión con varios medios extranjeros, el jefe de la división de
operaciones, el general Nitzan Alon, se remonta a la retirada de la Franja
(2005). «Se habló de convertir Gaza en Singapur pero Hamas empleó el
dinero en armas y no en beneficio de los habitantes. En lugar de usar el
cemento que llega a Gaza para construir casas, lo destina a túneles contra
Israel».
«Se
trata de la época más tranquila en la frontera desde hace décadas pero al mismo
tiempo Hamas construye su fuerza para el momento adecuado», nos dice sin
querer detallar la cooperación con Egipto contra el enemigo común ni los
últimos «accidentes» en los túneles. «Haremos todo lo posible
para destruirlos en el lado israelí», concluye.
Una
tregua débil
A
sólo 800 metros de Gaza, en el Kibutz Nahal Oz, confían en sus palabras pero
saben que la tregua puede derrumbarse en cualquier momento. Su habitante más
famoso, el diputado centrista de origen argentino Haim Yelin exige combinar una
respuesta militar y política: «Si el ejército detecta un túnel, debe destruirlo
de forma inmediata para evitar un atentado. Por otro lado, hay que dialogar de
forma indirecta con Hamas para mejorar la vida de los casi dos millones de
habitantes de Gaza».
«Unos
1.000 camiones con productos básicos y cemento entran diariamente a Gaza desde
Israel, pero no es suficiente. Hay que facilitarles la construcción de un
puerto, universidades, etc. El palestino que no trabaje en la fábrica de Coca
Cola acabará cavando un túnel para atacarnos», dice Haim Yelin a EL MUNDO.
Mohamed
vive en el barrio de Zeitun (Gaza). Su casa -destrozada en el 2014 por las
bombas como otras miles en la castigada Franja- acaba de ser reconstruida.
Preguntado por France Presse, este simpatizante del FDLP admite que Hamas se
prepara para otra guerra. «Comenzamos con piedras. Ahora tenemos cohetes.
Mientras Israel siga en mi tierra, la resistencia continuará», asevera.
El
dilema de Netanyahu. Si bombardea un túnel para prevenir un ataque y provoca
bajas en las filas de Hamas, la tregua se romperá. Si no hace nada y un túnel
acaba posibilitando una infiltración, será triturado por la prensa y por el
líder laborista Isaac Herzog, que le pregunta: «¿A qué esperas? ¿A que los
terroristas aparezcan en un kibutz?».
Túneles para la próxima guerra
16/Feb/2016
El Mundo, España, Sal Emergui